Mi hijo es hiperactivo

Mi hijo es hiperactivo

La hiperactividad es una etiqueta que aparece constantemente en nuestras vidas. Curiosamente se ha comprobado que en un 60% de los casos el diagnóstico no es correcto, aunque me atrevería a decir que el tanto por ciento es mayor.

Desde mi opinión no existe un trastorno hiperactivo como tal, es decir un trastorno clínico (todavía no se ha podido probar una base neurofisiológica) aunque sí una sintomatología hiperactiva, que puede responder a:

 

  • Relaciones precoces muy defectuosas.
  • Depresión maternal durante el embarazo. En los primeros años de vida el niño trata de sostener a la madre con una continua actividad motora, funcionando como un despertador permanente de vida.
  • El estilo educativo de los padres, es decir, la tolerancia al movimiento de los hijos, la capacidad de las figuras parentales de poner palabras a lo que les ocurre, entenderlos y hablarlos.
  • El fracaso del mecanismo de contención que es la capacidad de calmar la emoción cuando esta se desborda con firmeza, cariño, tranquilidad a través del lenguaje, el contacto o lo que el niño necesite. Hiperactividad relacionada con interacciones precoces muy defectuosas

 

También es muy importante tener en cuenta la edad del niño. No se puede decir que un niño tiene un problema de hiperactividad hasta mas o menos los seis años.

Es verdad que hay niños mas movidos que otros, al igual que en el mundo adulto, pero depende en gran medida de los que les rodean que a su vez sean mas o menos agotadores y se pueda convertir en un problema.

En la primera infancia (0-6)  el movimiento y actividad son síntoma de vida y es un modo de interaccionar con el medio. Es un buen recurso para expresar tensiones cuando todavía carecen de recursos psicológicos para entender y dominar su propio cuerpo y las emociones que sienten.

Entonces, cuando empieza a ser un signo de que algo no está funcionado bien es a partir de los seis años. Este movimiento intenso nos muestra un niño angustiado y que está sufriendo.

 

Por tanto, este movimiento es una forma de defenderse de la angustia, es decir, para no pararse y sentir dicha angustia y también es a la vez una forma de descargarla.

Lo que le puede ayudar es encontrar formas de canalizar su ansiedad con el deporte, con actividades que le ayuden a desconectarse de lo que les hace sufrir, expresando con palabras lo que siente, etc.

 

Como reflexión como padres y profesionales es, si no toleramos que un niño o adulto se mueva mucho… tal vez sea por el modo en el que fuimos educados.

 

 

María Barbero de Granda.